lunes, 30 de diciembre de 2013

Músicoterapia

Siempre he admirado a los músicos. Al principio por la disposición que mostraban a pillar, por feos que fuesen, pero luego, con el tiempo, por la capacidad de conectar con otra persona, incluso con masas de personas, sin utilizar el lenguaje, solo pulsando sentimientos. Me parecía magia inexplicable que gentes de diferentes edades, sexos, creencias y culturas fuéramos capaces de menear el culo al unísono guiados por un señor o una señora tañendo un instrumento musical _solo pensad lo que nos cuesta ponernos de acuerdo hablando, incluso el mismo idioma_.