lunes, 30 de diciembre de 2013

Músicoterapia

Siempre he admirado a los músicos. Al principio por la disposición que mostraban a pillar, por feos que fuesen, pero luego, con el tiempo, por la capacidad de conectar con otra persona, incluso con masas de personas, sin utilizar el lenguaje, solo pulsando sentimientos. Me parecía magia inexplicable que gentes de diferentes edades, sexos, creencias y culturas fuéramos capaces de menear el culo al unísono guiados por un señor o una señora tañendo un instrumento musical _solo pensad lo que nos cuesta ponernos de acuerdo hablando, incluso el mismo idioma_.

domingo, 10 de noviembre de 2013

JACINTO Y EL REFLEJO.

No sé si sabré explicar con claridad el siguiente suceso.
Jacinto Montes, recién salido de la ducha, bailaba desnudo delante del espejo, un espejo grande que colgaba de la pared de su cuarto de baño. Esa noche había quedado para cenar con Ágata, a la que hacía más de dos meses que no veía y quizás era debido a eso su evidente alegría. El  caso es que, como digo, Jacinto bailaba desnudo delante del espejo, ora abrazando a una delicada e invisible pareja ora girando desenfrenadamente y de vez en cuando deteniéndose y permaneciendo estático durante unos segundos en alguna pose original. Al ritmo de alguna sinfonía interior que seguramente llegaba a un apoteósico culmen, Jacinto Montes emprendió en una sucesión de saltos verticales con doble giro y caída en "primera posición" que desembocó en un traspiés centrífugo que le arrojó fuertemente contra el espejo. Por no se sabe qué misteriosa cabriola de la naturaleza, del encontronazo contra sí mismo resultó ir a dar con sus huesos al pequeño habitáculo en que moraba su imagen reflejada. A su vez, su imagen había caído hacia afuera y estaba ahora sentada en el suelo de su cuarto de baño, jadeante y confusa. Exactamente igual que él.