lunes, 26 de noviembre de 2012

Las normas del Bar de Abajo

Contra el desdén de la mujer de mi vida solo encuentro refugio en el bar de abajo.
El bar de abajo no es un lugar físico en particular. No es necesario que esté literalmente abajo, a la puerta de tu casa. No necesita tan siquera ser un bar, a veces puede ser una playa. El bar de abajo es esa extensión de nuestro ser donde puedes estar fuera sin dejar de estar dentro y, a los que somos de naturaleza de bar de abajo, nos acompaña donde quiera que vayamos.

Yo soy de los que cuando llega a un sitio nuevo, si me voy a quedar más de un día, lo primero que hago es buscar un bar de abajo, por lo que pueda suceder. El bar de abajo es el internet de toda la vida, es la casa sindical, es el congreso. Pero también es el puerto de los delirios y la soledad, de la aventura. El bar de abajo es la farmacia de guardia de la ilusión. El bar de abajo es la primera parada en la celebración de tus éxitos y la última en el duelo de tus fracasos.
Las características del bar de abajo pueden cubrir un amplio espectro pero ha de haber unas pocas inmutables aparte de la obvia de dejarte entrar. Tiene que gozar de buenos ventanales desde donde contemplar la realidad de manera segura. Deben conocerte por tu nombre, saber quién eres y a qué te dedicas y no querer saber nada más de ti. Debe tener al menos un periódico local a disposición del público aunque no sea más que para disimular, y una tele que compita con el clásico pelma comeorejas que también es condición "sine qua non" para un buen bar de abajo. El bar de abajo debe dejar la puerta abierta a la casualidad y a la poesía, para que el día menos pensado entre por ella la mujer de tu vida, _a quien, en mi caso, solo podría describir como esquiva_, pero también debe ser lo suficientemente ferreo para guarecerte allí cuando ella te mande a la mierda y el universo se ponga otra vez en tu contra. Si encontramos un lugar así, ye tenemos nuestro bar de abajo. Si ese lugar además dispone de una buena colección de discos o una conexión Spotify premium, en su defecto, puede convertirse en nuestra segunda casa, si no en la primera. Solo hay que tener en cuenta una cosa. El bar de abajo, como no podría ser de otra manera, también conlleva ciertas obligaciones y responsabilidades aparte de las consabidas "paga lo que tomes y no armes bronca".
Jamás, y cuando digo jamás es jamás de los jamases, debes acostarte con la camarera, nunca, nunca, nunca jamás a menos que ella te lo ponga a huevo. Si ella lo solicita, o lo pone a huevo, ya puedes ir buscando otro bar de abajo porque éste, con total seguridad, está a punto de perder una de sus cualidades determinantes. Es duro, lo sé, pero más duro sería perder la oportunidad con la camarera. Busca otro bar de inmediato porque si, por casualidad, fuera ella la mujer de tu vida, ¿a dónde irías luego a refugiarte de su desdén.?

Desconozco si el bar de abajo se rige por las mismas normas si eres mujer.

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