viernes, 30 de noviembre de 2012

Final feliz


En la psicotrópica imagen que me ofrece la luna descubro los dorados tirabuzones de Caperucita Roja. 
No, a ver si me explico, estoy hablando de la luna delantera de mi furgoneta que allí fue a donde fui a refugiarme del chaparrón, entré, puse el contacto, le di al limpia porque no se veía un pijo con la puta lluvia y allí estaba ella. Aparcada frente a mí, morrito con morrito. En el morro de su furgo había rotulado "clínica veterinaria." Claro, pensé, no podía ser de otra manera, Caperucita Roja tenía que acabar pinchando bichos. Tras barajar unos papeles y coger el bolso salió del vehículo y cruzó a mi lado mientras se colocaba los tirabuzones dentro de la capucha del anorak, _blanco, pero a mí no me engaña_. Y eso fue todo.
Afortunadamente, porque ese cuento no suele acabar bien.



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